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Revista de Estudios Sobre Cambio Social
aaaaaaaaaaaaaaa año IV . número 14 . invierno 2004

Laboratorios de vida en el territorio de la marginación Por FEDERICO SCHUSTER(i)

Que la Argentina ha sido arrasada en el pasado reciente por el capitalismo voraz es ya un lugar común de cualquier análisis que se pretenda hacer sobre la grave situación del país. La mitad de la población argentina se encuentra desde hace un lustro por debajo de la línea de pobreza, casi un cuarto de ella por debajo de la línea de indigencia, los niveles de desempleo, subempleo o empleo precario son inéditos y carecen de sentido en un país con poca población relativa. Es claro que la escena económica hoy ha sufrido una leve mejoría; pero también lo es que la estructura social se mantiene prácticamente intacta. En este trabajoii pretendemos abordar de modo muy inicial las condiciones que las nuevas formas sociales y políticas, originadas en los movimientos sociales de desempleados, tienen para dar lugar a algún tipo de cambio de la situación planteada. El resultado del análisis será inexorablemente tentativo e indiciario y no podrá ocultar cierto escepticismo respecto del impacto que estas nuevas formas de asociación desde las bases sociales tenga a corto plazo. Sin embargo, nos concentraremos en buscar, en el breve espacio que tenemos, los factores que puedan emerger con positividad proyectada a futuro de esta nueva Argentina social.

La primera pregunta a hacerse es precisamente si hay algo nuevo en estas formas de asociación que caracteriza a los movimientos de desempleados en el país y a las experiencias que gestan y viven. El intento de respuesta es lo que sigue.

Se está produciendo un impacto progresivo de distintas formas de organización en el Conurbano Bonaerense y en algunas provincias como Jujuy y Río Negro. Muchas veces se aborda el tema del movimiento de desocupados desde una perspectiva basada en la idea del espontaneísmo, como una suerte de desencanto que explota en forma no organizada y que luego es la base de una organización mayor. Es cierto que hay organizaciones importantes que tienen una posición de mayor autonomía y que han logrado un desarrollo relativo importante con formas de organización autocentradas que han adoptado un modelo diferente del modelo sindical o político clásico.

Un elemento clave para entender la constitución del movimiento piquetero a fines de los ´ 90, es la conjunción exitosa entre las formas de organización local - territorial que se venían dando con diversa suerte desde mediados de los ´90 y la capacidad de ciertas organizaciones sindicales de establecerse territorialmente. Desde la crisis producida por el modelo neoliberal, privatizador, de quiebre de la seguridad social y de transferencia de ingresos, uno de los problemas que tuvo el sindicalismo en aquel momento fue el problema de la representación. Mientras los dirigentes se preocupaban por la construcción de alianzas sectoriales o veían cómo perdían poder ante la pérdida de afiliados sindicales, todas las organizaciones sindicales plantearon la representación más allá de la cuota sindical. Esto es, la CGT trataba de no restringir la representación solo a los afiliados directos, sino también hablaba en nombre de aquellos que no estaban afiliados porque habían dejado de ser empleados, o como en el caso de los jubilados. Sin embargo, nunca logró producir esta representación más allá de un discurso de tribuna, ya que no logró instalar una representación real que se tradujera en modelos concretos que permitieran cadenas efectivas de acción político - sindical. Esto sí lo van a lograr, por un lado la CTA a través de la ligazón con ciertos proyectos de organización territoriales, como la Federación de Tierra y Vivienda, y por otro lado, ciertas organizaciones del sindicalismo combativo a través de la Corriente Clasista y Combativa. Desde el punto de vista cuantitativo de la organización no cabe duda de que la CTA tenía una capacidad de organización menor que la CGT, pero aquella tiene de todos modos una capacidad de organización sindical diferente, alejada de la representación sindical clásica de la fábrica o del espacio laboral, adoptando este nuevo esquema de representación territorial, de organización de los sujetos en su espacio de vida y de supervivencia territorial.

Este caso, es clave y muy importante para entender por qué los movimientos logran desarrollarse. A muchos de ellos, en realidad, lo que les da capacidad de organización es justamente, que salen del modelo de organización sindical y se conforman como movimientos autonomistas, movimientos de orientación política. En este sentido entonces, no se pueden entender los movimientos sociales que estamos viendo hoy en día sin entender la ligazón posible que se dio entre las formaciones espontáneas que surgieron del desencanto y de la desesperanza, y ciertas formas de organización que en otros procesos anteriores no se han dado, como es el caso de los cortes de ruta del Sur y del Noroeste que habían sido relativamente espasmódicos. Cuando estos movimientos espontáneos y autónomos se ligan a ciertas formas de organización existentes en el Conurbano, comienzan a constituir un movimiento de continuidad que es el que tenemos hoy. Es decir, se va a ligar a lo que se entiende hoy por movimientos sociales aunque en un primer momento es difícil definirlos como tales por poseer esta relativa falta de continuidad y organización. Esto es lo que hemos vivido claramente hasta el 2001, y aquí la pregunta se dirige a entender qué es lo que pasa a partir del movimiento social, porque el movimiento social, en este sentido, es una fuerza de impacto político, una fuerza con cierta capacidad política para plantarse frente a las decisiones estatales pero también frente a ciertos grupos privados (nacionales y también internacionales) y marcar límites respecto del conjunto de decisiones que impactan sobre los sectores más perjudicados de la sociedad.

Entonces, algunos movimientos como los piqueteros han mostrado una capacidad en términos de fuerza de impacto político de resistencia, que es un dato muy fuerte de la realidad y que fue utilizado tanto por el gobierno de Duhalde, como ahora por el gobierno de Kirchner en las negociaciones internacionales, respecto de los límites que tienen la imposición de determinadas medidas político - económicas, debido a lo que pueden generar en términos de explosión social, ya que siguen apareciendo como una caldera que en cualquier momento puede saltar en estallidos importantes como el del 2001. Esa condición del movimiento social, tiene un impacto político muy fuerte que es tratado, en parte como fantasma y en parte como realidad existente, pero que no cabe duda que tiene hoy fuerza política.

Un movimiento social es, en parte un movimiento de impacto político y en parte un movimiento de organización de la vida de los miembros del movimiento. Alberto Melucci, un teórico italiano de los movimientos sociales, decía que los movimientos sociales son laboratorios de vida, esto es que, más allá de las demandas que un movimiento social constituye como eje de su acción y que están dirigidas tanto al Estado como a otras fuerzas de poder social, dentro del movimientos se dan formas de interacción que recuerdan las experiencias de organización social y generan nuevos procesos de interacción entre los sujetos. En ese sentido, no cabe duda que el movimiento social que se ha establecido en la Argentina de hoy ha tenido estas características. En este sentido, los movimientos sociales son hoy laboratorios de vida social, política y económica, son laboratorios de vida social porque intentan generar nuevas formas de articulación en los territorios donde se expresan, como en el tema de las tomas de decisiones, de la distribución de tareas, de la recuperación de formas de sentido, e incluso de la celebraciones de fiestas internas, de dramas sociales internos, de formas de solidaridad que se han dado en estos movimientos que tienen estas formas pero que también son espacios muy fuertes donde se dan nuevas formas de articulación social.

Al mismo tiempo, estos movimientos son laboratorios de vida política porque sitúan a sujetos que no tenían expresiones de representación política inmediata en esquemas de expresión política de diversos tintes y en muchos casos, se intentan formas de horizontalización de la representación; mas nunca, por más que algunos lo quieran, se da la desaparición de las formas de representación. Esto es así, porque aunque hay una crisis de la misma, la representación siempre existe y los movimientos tienen que designar de alguna manera a sus representantes para distintas tareas porque no se puede llevar al conjunto del movimiento a todos los lugares y a todos los contextos. Sin embargo, aunque el tema de la representación sigue vigente, se buscan nuevas formas, a través de asambleas, con mecanismos de toma de decisión más horizontal, con formas de organización en red, y otras que sin ser totalmente experimentales, y aunque no tengan un desarrollo consolidado, de todas formas constituyen laboratorios de vida política. Estos movimientos también son laboratorios de vida económica porque muchos de los movimientos sociales de los que estamos hablando han desarrollado formas de consolidar una economía social, economías solidarias en las que se intentan generar mecanismos de producción, en principios orientados a la subsistencia, pero en muchos casos en un segundo término, van más allá de la subsistencia ya que intentan constituirse en agentes de producción económica alternativa. La pregunta es: ¿quiénes son estos laboratorios que se han desarrollado?, ¿cuál es su nivel de desarrollo y hacia dónde van estos laboratorios?. Respecto de los laboratorios de vida social debemos decir que los movimientos de desocupados han constituido y constituyen hoy, al mismo tiempo que para la mayor parte de la sociedad aparecen como formas de resistencia política con discursos o prácticas duras, formas de organización social que han permitido muchas veces, la contención de los grupos sociales en situaciones de marginación absoluta o de desintegración. Han constituido un espacio que el Estado no ha logrado generar, o la propia organización económica y social de la Argentina en los últimos tiempos no ha logrado producir. Esto da como resultado que estos movimientos son al mismo tiempo espacios de resistencia social y hacia el interior son formas de contención. El Estado muchas veces queda atrapado en una contradicción ya que por un lado se siente agredido por estos movimientos pero al mismo tiempo sabe que estos movimientos contribuyen a evitar estallidos sociales difíciles de controlar.

De manera tal que los laboratorios de vida social son precarios pero al mismo tiempo están alentados, han tenido efectos relativamente importantes en lo que es la contención de cierta lucha social y de la capacidad de desarrollo de la sociedad capitalista que está condenando a sectores mayoritarios de la población argentina y al mismo tiempo ha generado embriones, en una primera etapa de desarrollo de formas de organización, de contención, de solidaridad social. Eso no está consolidado pero podemos decir que las experiencias sociales quedan como memoria en los cuerpos, y tienen impacto, ya que la experiencia de vida social que se da en estos movimientos quedará como huella en los propios sujetos respecto de la experiencia de acción a futuro. Todo lo que se ha ido instalando en la Argentina de hoy tiene un impacto en la experiencia y en la memoria histórica a futuro que no va a desaparecer tan sencillamente, aún cuando los movimientos tengan una vida más corta que lo que hasta hoy parece.

Ahora, al mismo tiempo, estos laboratorio de vida social son fuertemente dependientes de la capacidad de obtención de planes sociales para su distribución y de obtención de recursos para la organización interna por un lado, y de lo que vaya ocurriendo con el mercado de trabajo y con las distintas prácticas políticas, sociales y económicas por el otro. A medida que se van modificando estas variables se producen elementos de disgregación o elementos de reagrupamiento al interior de estos movimientos.

En los laboratorios de vida política ocurre lo mismo en relación con la experiencia de la memoria. Las formas de participación que se han generado de manera embrionaria y todavía en una etapa de desarrollo precario, constituyen, sin embargo, huellas o elementos que quedan para el futuro como experiencia histórica y que van a tener impacto sobre las formas de organización política.

Pero el tema es que las decisiones de hacia dónde va esa expresión política están absolutamente desarticuladas por el conflicto. Hay quiénes quieren, y de hecho lo hacen, pasar directamente a la vida política, con formas de expresión que los impulsen electoralmente, otros consideran que la organización debe ser sindicalizada, otros que tienen formas de lucha política fuera del sistema de instituciones partidarias, y otros que consideran que el movimiento social debe ser eso, un movimiento social que no tenga ninguna participación en la lucha política sino, básicamente en la organización de la resistencia frente a las posiciones y a las formas de acción interna del Estado o de los grupos económicos de poder.

En el caso de los laboratorios de vida económica, todas las formas de producción comunitaria han mostrado hasta el momento un alto grado de precariedad y, al mismo tiempo, aún cuando son experiencias interesantes, el desarrollo es limitado. Esto es abordado desde tres líneas de abordaje: la primera es la de los economistas, que sostienen que la reproducción de la vida social y económica para los sectores mayoritarios de la sociedad va a llevar mucho tiempo. Los sociólogos, por su parte, sostienen que la crisis por la que atravesamos, implica como costo, la pérdida de al menos una generación. Finalmente, hay un grupo optimista, conformado por los entusiastas de la economía social que consideran que en estas formas pequeñas que se dan en el nivel micro, está el germen de lo que será la creación de empleo y una forma de recuperación rápida de la economía para el ingreso mayoritario. Es mi deseo creer que los entusiastas de la economía social tienen razón, pero los datos que tengo hasta el momento me hacen ser cauteloso, más bien, tiendo a pensar que estas formas de organización que puede contener formas de subsistencia con ciertos límites y restricciones, por el momento no parecen mostrar tener la suficiente capacidad como para constituirse en una salida de la marginalidad.

Quisiera cerrar con dos ideas. Por un lado, me parece que tiene razón Estela Grassi, cuando dice que sin política activa y una clara orientación por parte del Estado, todos estos esfuerzos y estos laboratorios de vida social, política y económica tienen una capacidad precaria para poder reducir la realidad de la marginalidad en el corto plazo, lo cual no quiere decir que no sean experimentos valiosos pero me parece que este conjunto de experiencias tiene límites con respecto al impacto urgente e inmediato que hace falta para recuperar la vida social en este país.

Finalmente creo que no hay duda acerca del carácter novedoso de lo que está ocurriendo en la Argentina, pero sin embargo, la novedad nunca es absoluta. Y en esta novedad aparece, por supuesto, la memoria de lo que se sabe hacer, ya que hacemos lo que sabemos hacer. A veces lo que sabemos hacer, en un contexto diverso, produce una novedad, pero no cabe duda que en estas formas de organización y en estas formas de prácticas hay una revisión que tiene que ver con la tradición histórico política de los movimientos políticos, sociales y sindicales en la Argentina. Y por esto vamos a encontrar la reedición de muchas de las prácticas buenas o malas de lo que es la historia Argentina. Entonces son efectivamente nuevos viejos movimientos con nuevas viejas prácticas.

Notas
i Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Profesor Titular Regular de la asignatura "Filosofía y Método de las Ciencias Sociales" en la Carrera de Ciencia Política e Investigador del Instituto Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. ii Disertación del Profesor Federico Schuster en el Seminario "Los nuevos rostros de la marginalidad", Instituto Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires; Noviembre de 2003.